18 de febrero de 2010

ESCENAS DE SILLMAREM (Una jaula de oro Parte.II)




XIII


UNA JAULA DE ORO



Extracto perteneciente a Sillmarem Libro II: Torre por Alfil.


Por Gabriel Guerrero Gómez.



Capítulo XIII. UNA JAULA DE ORO. (PARTE II).



-En eso tenéis razón, es un muchacho excelente, y cuando él asuma la corona, muchas cosas mejorarán. Supongo que lo que me pasa es que estoy muy cansada, nada más.


-Ese es un buen motivo para aguantar. ¿Sabéis ya cuáles son las medidas que tomará Sillmarem para asegurar la coronación del Príncipe? –preguntó Stephan.


-No con detalle. Sé que su intención es venir aquí con el grueso de las tropas, aunque no sé si saldremos de Ravalione para celebrar el traspaso de poderes en los Sistemas Unidos, o si nos quedaremos para salvaguardar la vida del nuevo Imperator –explicó Rebecca.


-Magnífico. La presencia de Löthar Lakota en Ravalione multiplica las posibilidades de éxito –dijo Stephan con sincera alegría.


-Yo también lo creo –añadió Rebecca sonriendo ligeramente.


-De todas maneras, y si no os importa, no voy a descartar la posibilidad de que el Conde esté tramando algo, así que mi intención será buscar ayuda en caso de guerra.


-¿Guerra?


-No quiero alarmaros, mi Dama. Sencillamente me gusta ser un hombre precavido. Si hubiese algún tipo de acción como, por ejemplo, un golpe de Estado, y sobre todo teniendo en cuenta las divergencias internas que hay en el Imperio, lo mejor es que las demás potencias planetarias estén preparadas para una eventual intervención, ¿no os parece?


-Supongo que sí –respondió Rebecca con pesadumbre.


-Es una cuestión preventiva. Si estamos preparados, erradicaremos cualquier problema que aparezca antes de que se nos vaya de las manos –aclaró Stephan-. Eso os incluye a vos. Debéis saber que los conspiradores no os darán nunca una segunda oportunidad. Pensad y calculad detenidamente todo lo que digáis y hagáis. Es importante ahora que queda tan poco tiempo. Después, podréis vivir vuestra propia vida.


-¿O de lo contrario?


-De lo contrario, fracasareis. Sé que es cruel, pero es así.


-Sois contundente.


-Soy realista.


Algo en la mente de Rebecca despertó, obligándola a analizar los detalles que le pasaron inadvertidos en un principio, subiendo a un nivel más preciso de deducción. Veía a Asey como a Stephan Seberg, ex profesor de Thenak y Premier de Sisfrón en Zaley-te, y no como al líder de los Rebelis, la única oposición entre el Imperio y los Sistemas Fronterizos. Había algo que la constante lucha contra las huestes imperiales había forjado en él. Se había endurecido, e incluso había adquirido las costumbres de los Rebelis, mimetizándose con su entorno de una manera inconsciente.


Hasta sus maneras y respuestas eran defensivas. Estaba, por así decirlo, en un permanente estado de alerta. No había que olvidar que su mujer había sido una nativa de Nemus-Iris, una Rebelis, una princesa Shinday. Era curioso cómo el entorno había transformado a un erudito de Thenak en un impresionante guerrero de aspecto salvaje. ¿Será consciente de ello? Es lo más probable, pensó. Aunque pensar en Asey como tal, era subestimarle, y subestimar a un ser como él, era una torpeza. Se prometió a sí misma reconsiderarlo más tarde. Sabía que no podía permitirse el lujo de dudar si quería sobrevivir.


-Ahora que ya conocéis mis intenciones, me gustaría que me hablarais de los guerreros que os atacaron –pidió Stephan.

Rebecca miró a Nika, invitándole a hablar.


-Eran guerreros oscuros que se autodestruían borrando cualquier rastro de su material genético. Lograron eliminar a varios Homofel en su incursión, conocían muy bien el interior de la fortaleza -dijo Nika.


-¿Homofel? ¿Eliminaron a algunos Homofel? –preguntó, incrédulo, Stephan.


-Di órdenes estrictas, los quería vivos -dijo Rebecca.


-Para obtener información -dijo Stephan.


-Así es.


-¿Qué tipo de guerreros eran? ¿Zasars, Androkazes, Metamorfos?


El rostro de Nika palideció.


-Sus armas y armaduras destacaban por sus extraños ornamentos y tallas. No las había visto nunca -dijo Rebecca.


-Pero, ¿eran humanos? -preguntó Stephan.


-Lo ignoro, aunque de ser así, existían algunas diferencias de morfología. lo que es seguro es que eran inteligentes

-dijo Rebecca.


-Nika, ¿vos sabéis algo? -preguntó Stephan observándole con atención.


-No creo que pertenezcan a ninguna civilización conocida.


-¿Y cómo sabéis eso? ¿Acaso sospecháis de alguien en particular?


-Tengo una ligera idea.


-Exponedla, por favor.


-Creo que pertenecen a una antigua civilización conocida como Koperian. He visto algunas ruinas y grabados en las Tierras Vírgenes, más allá de Ankorak, corren algunos rumores, viejas leyendas entre la gente de mi pueblo.


-¿Koperian? Creo recordar haber leído algo sobre ellos, eran historias de terror para asustar a los niños. No creo que esos seres existan. ¿Vos creéis que eran Koperian los que entraron en palacio? -preguntó Stephan, divertido.


-Honradamente, no sé qué hay de verdad en esos cuentos, pero una cosa sí os diré, y es que las marcas y dibujos de sus restos arqueológicos los describen como a un pueblo temible y muy, muy numeroso. Además, sus cuerpos y armas eran de lo más reales. Si tengo razón, y los que han intentado secuestrar a nuestro hijo son de raza Koperian, tendríamos que preocuparnos seriamente, ¿no creéis?


Stephan se quedó mirando a Nika. Por mucho que pensara que esa posibilidad era remota, el miedo que había en los ojos de Nika le hizo plantearse la idea de que podría ser cierto.


-Está bien, pondré en sobre aviso a mis exploradores Rebelis, a ver qué pueden averiguar. Sería bueno conseguir un ejemplar.


-Supongo que por eso se desintegran, para impedir que les estudiemos. De todos modos, os aconsejo cautela. Advertid de esto a vuestros guerreros.


-Seguiré vuestra sugerencia, y agradecería que siguierais la mía y tuvieseis preparada una nave rápida para salir del planeta si os veis en peligro. No dudéis en poneros en contacto conmigo o mis hombres si lo necesitáis. Ahora debo partir.


-Mi Señor Premier, siempre es un placer veros. Espero que nos volvamos a ver en mejores circunstancias que estas, cuando todo haya pasado -dijo Rebecca con una sonrisa.


-Desde luego, así será. Mi mente es vuestra mente, mi corazón es vuestro corazón -dijo Stephan saludando a la manera Rebelis, alejándose rodeado de sus hombres.


Rebecca tuvo la extraña sensación de que nunca más volvería a ver a aquel hombre. De nuevo, pensó en su hijo, y una catarata de dolor brotó en su ánimo, hundiéndola en un abismo de desesperación.















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