18 de junio de 2010

ESCENAS DE SILLMAREM (Los hijos del mar. Parte I).





LII

LOS HIJOS DEL MAR (Parte I)


“En política, la confianza es incompatible con la supervivencia”.
Conde Alexander Von Hassler.

(Los límites de la cordura)




El tenso silencio en el deslizador de los Delphinasills, y las diminutas luces parpadeantes de la cabina de control eran una ineludible realidad, así como las filas de embarcaciones que, no muy lejos, ardían por los impactos de los disparos láser. Thoth se acarició la frente; dudas y temores salpicaban su cabeza; era una misión suicida.

Ingentes cantidades de haces láser cruzaban a ambos lados del casco de su nave que, de vez en cuando, crujía con el impacto de algún disparo. Sus manos se agarraban a los respaldos con más fuerza mientras apretaban la mandíbula. Rescatar a Rebecca no iba a ser nada fácil, encontrar vivos a Löthar y al resto de Xiphias, tampoco.
Thoth observó que las baterías imperiales estaban orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. Densas cortinas de lluvia parecían lavar el cielo oscurecido de los cuatro elementos de la guerra: sangre, fuego, violencia y muerte.

Según le transmitía un implante artificial de memoria, los tres grandes portones que conectaban la fortaleza imperial con su puerto marítimo, estaban custodiados por exoguerreros, Casacas Negras ataviados con armaduras amplificadoras de su fuerza muscular. Sería muy difícil abatirlos, aunque sabía que contaban con sus poderes y eso le tranquilizaba.

Los pasillos, salas, escaleras y habitaciones, cuyo cambio y nueva configuración estaba sustentado por un colosal sistema de ingeniería, podía cambiar sus trazados originales mezclando pasajes, confundiendo pasadizos y creando gran variedad de trampas, lo que imposibilitaba a cualquier intruso avanzar por su interior.

En verdad, era un lugar casi inexpugnable, concebido, en un principio, para proteger la vida del Imperator, y ahora convertido en una prisión para Rebecca, aunque, por el momento, sus interiores permanecerían bloqueados por los ingenieros de Sill. Era una medida de seguridad para intentar no quedar atrapados después de entrar.
Ese bloqueo les permitiría acceder al interior y rescatar y evacuar lo antes posible a Rebecca y Umasis. Sólo los dioses sabían cómo lograrían superar esta nueva crisis con el Imperio y con su vacío de poder. Precipitar la coronación del Príncipe Umasis ya no era una simple necesidad, era una urgencia.

Había sido educado a la manera de los Sillmarem, era un magnífico muchacho con grandes y nobles aspiraciones de regenerar el Imperio. A muchos no les agradaría en absoluto perder sus beneficios a favor de su pueblo. Era una tarea tan noble como difícil, pero ¿qué hay fácil en la vida? La muerte, pensó Thoth.

Los defensores estaban siendo cercados y sobrepasados por los helitransportes de Sillmarem, los cuales lanzaban ingentes cantidades de hombres en las playas de Ravalione. Flotantes hidrodeslizadores los cubrían con fuego de cobertura mientras unidades de Aquanautas se dejaban caer al mar para avanzar hacia la costa, bajo el agua.

Escaleras-aéreas eran tendidas para acceder a los puentes de mando de los destructores imperiales a la vez que los multielevadores de carga imperiales soltaban cápsulas submarinas para minar, en la medida de lo posible, los ataques de los Aquanautas. Se hacía evidente que tras perder el contacto con el comando de Löthar, la misión había dejado de ser sigilosa para convertirse en una guerra abierta.

Tanto en el espacio orbital con las fragatas imperiales, como en cielo, el mar, la tierra o las profundidades submarinas se batallaba sin tregua. Un bando pretendía proteger a la vida humana, el otro ampliar su Imperio a cualquier precio. Sustentadores peatonales de larga distancia formaron de lado a lado y de arriba a abajo, sobre los acantilados, una línea de choque de Casacas negras con armaduras de asalto. Riadas de trazos luminosos escupidos por sus armas derribaban enemigos aprovechando la ventaja de su altura.

-El mal y su oscuridad, por si solos, justifican la presencia del bien en su interminable lucha -susurró Thoth abrochándose los cierres de su capa.

Les superaban en número y fortaleza, pero las tropas de Sill basaban sus esperanzas en su gran movilidad y eficacia. Su tecnología marina era muy superior, de ahí la opción de sus diseñadores tácticos de crear una ofensiva marina como distracción mientras por un túnel submarino de la fortaleza, creado en su día por Rebecca, Valdyn y sus Delphinasills penetrarían y localizarían sus objetivos, para después retirar lo más rápido posible a las tropas. Era una misión de rescate de enormes proporciones. Los factores implicados en la operación anonadaron a Thoth.

A pesar de la tormenta, el cielo estaba tan saturado de naves por ambos bandos, que las colisiones y explosiones eran casi consecutivas. Naves-nodriza de Sillmarem brotaban de las profundidades del mar expulsando acorazados, fragatas, destructores y submarinos con gran presteza. Los que eran severamente dañados eran recogidos con igual eficacia. Su sistema de tracción magnética era una variante usada en los anclajes espaciales de las bases orbitales de Sill, un prodigio muy práctico.

Las barcazas a suspensión apenas acariciaban las espumosas crestas de un encrespado oleaje, embistiendo y abordando cruceros y naves de superficie del Imperio. Los Aquanautas surgían del fondo marino acoplándose magnéticamente a los cascos de las naves imperiales con cinturones anti-g o montados sobre ovodiscos, embistiéndolos una y otra vez. Sustentaplatillos con baterías láser se elevaban en los acorazados imperiales sorprendiendo a sus atacantes y masacrando cualquier cosa que apareciese en sus miras.

Valdyn vio a través de los cristales de su ventanilla, con el alma en vilo, cómo dejaba su huella en las afueras del puerto un furioso remolino que devoraba violentamente cualquier cosa a su paso. Dondequiera que posaba su mirada, había un anillo perfecto de vientos huracanados que dificultaba aún más la visión.

Ethne, Novak, los gemelos, Troya y Thoth observaban cómo aquel incontrolado fenómeno de la naturaleza asolaba una ancha hilera de cañones móviles, dejando tras de sí un revoltijo de metal y barras quebradas, revueltas y sepultadas en la arena de la playa.

Miles de Xiphias desembarcaban en deslizadores surgidos de las profundidades marinas, escupiendo vehículos de superficie protegidos por grandes escudos reflectores que, a modo de pantalla, se usaban como cabezas de playa aprovechando así la sorpresa y la parte más débil de las defensas de Ravalione, su salida al mar.

-Haz un sondeo de las pautas cerebrales de Rebecca y el Príncipe Umasis, ¿puedes? –preguntó Valdyn mirando a Troya.

-Dioses Valdyn, con tanto alboroto es difícil concentrarse -dijo Troya cerrando los ojos y concentrándose.

-Te entiendo, haz lo que puedas, estás preparado para ello.

-Los he localizado, están siendo llevados a los jardines. Creo que se los llevan. Löthar también está vivo.

-Bien, bien -dijo Valdyn, esperanzado.

-Dejarlo ir solo ha sido una temeridad -dijo Thoth.

-Gracias a él hemos localizado a Rebecca.

-Löthar sabe defenderse muy bien solito. Aunque estoy de acuerdo, ha sido una temeridad.

-Ojalá Sarah estuviese aquí -dijo Ethne.

-No sé si ella pensaría lo mismo, estamos en un buen lío -dijo Valdyn, sonriente.

-Oh perdona, no me refería a eso. Yo no quería… quiero decir que la echo de menos.

-Sé lo que quieres decir.

-Todos la echamos de menos, a ella y a Sophy -dijo Thoth.

Barcazas a suspensor se abalanzaban sobre los buques amarrados, abordando con sus ovodiscos y cinturones anti-g a los Casacas negras que, con sus turbo torretas, disparaban como locos a la ingente masa de guerreros que se les venía encima. Pronto el cielo se cubrió con más naves en llamas, derribadas por los antiaéreos de ambas flotas.




2 comentarios:

Macu Marrero dijo...

Hola pasaba a desearte buen fin de semana. Me tengo que poner al día. Besos

Gabrielacus dijo...

Igualmente. Por cierto muy interesante tu entrevista con Sandra. Un abrazo.