25 de junio de 2010

ESCENAS DE SILLMAREM (Los Hijos del mar. Parte II).




LII
LOS HIJOS DEL MAR (Parte II).


Löthar Lakota, como gran Maestro-estratega y con gran previsión, había diseminado a la llegada de Rebecca a la regencia del Imperio, aquaesferas secretas en todos los océanos de Ákila, indetectables para la tecnología imperial.
Tales bases secretas le permitían contar con unas inapreciables tropas de apoyo para un caso de tanta necesidad como aquél. Valdyn, sabedor de los riesgos que Löthar corría al adentrarse en la fortaleza con sus comandos, había acordado con él que en caso de ser atrapado, conectaría un localizador implantado en su muslo derecho, lo que les permitiría no sólo localizarle a él, sino a Rebecca, a Nika y al Príncipe Umasis.
La lluvia provocada por los satélites meteorológicos era tan intensa que les cegaba la vista y apenas podían distinguir cómo los vientos agitaban el mar y cómo las gigantescas olas golpeaban las embarcaciones. Un enorme crucero imperial hizo aguas quebrándose por la mitad tras recibir dos impactos directos de un submarino de Sill; un par de acorazados de superficie zozobraron sin dejar de dispararse con sus baterías láser a plena potencia, escorándose y comenzando a hundirse a un mismo tiempo.
Cientos de Casacas negras y Xiphias saltaban al agua huyendo de las llamas y la metralla; ráfagas de luces azuladas arañaban sus tímpanos desde la parte trasera del vehículo, que vibraba cuando los escudos repelían las descargas.
Con una furtiva mirada, Thoth pudo ver cómo uno de los gemelos, con el cuerpo apretujado y con dedos temblorosos, se esforzaba por sacarse una diminuta y dolorosa astilla enterrada en uno de sus dedos, soltando una imprecación apenas retenida entre dientes. Aquel desembarco era una dura prueba para sus nervios.
Valdyn vio que la tensión seguía grabada en los gestos de sus Xiphias, negándose a extinguirse. Unas palabras de ánimo bailaban en su mente, pero a la hora de asomarse a sus labios, retrocedían perdiéndose en el silencio. Era un momento de concentración.
El alumbrado de seguridad de los muelles se apagó tras el destrozo de sus generadores de energía; la caótica situación activó los generadores secundarios, que también fueron devastados en pocos segundos. Multitud de lámparas de un fuerte color corinto se encendieron, irradiando aros de luz difuminados por las incesantes rachas de lluvia.
-Esto cada vez se pone peor -dijo Novak.
-Aguantad, ya está terminando la primera fase de la operación -dijo Ethne.
-Es cierto, ahora nos sumergiremos -añadió Valdyn.
-¿Para qué? -preguntó Han.
-Sí, ¿para qué? -preguntó también Zore.
-Entraremos por una entrada secreta submarina -dijo Thoth.
-Están cerca y aún viven, lo noto, pero… hay algo más. No están solos.
-Probablemente sean sus centinelas -aventuró a decir Ethne.
-Sus pautas cerebrales son distintas… es extraño.
Avanzaban bajo un firmamento ennegrecido, cargado de energía eléctrica de la cual brotaban, retorciéndose y abriéndose camino descendente entre las nubes, decenas de truenos y rayos aquí y allá, prendiendo de vez en cuando la copa de algún árbol de los jardines imperiales.
Difusamente lejanas se podían apreciar las torres de vigilancia, construcciones de plastanio que evolucionaban en descenso hasta el puerto, erizadas de disparadores automáticos. Era la segunda vez en diez años que se veían obligados a luchar en Ravalione.
La primera, eran tan solo unos críos con sus capacidades aún despertando. Ahora, sin embargo, eran unos jóvenes en plena maduración de sus talentos. El miedo que habían pasado en su primera misión, les acompañaba de nuevo.
-Conectad vuestras bioarmaduras -dijo Valdyn.
-T-10 y contando -dijo una voz por el intercom.
Avanzaban en formación de diamante con tres cazas de gran blindaje protegiéndoles de las sacudidas más potentes. A una señal del piloto, la cápsula submarina acoplada al deslizador en el que iban se desprendió, adentrándose en las profundidades del mar hasta la entrada submarina.
El peligro no terminaba ahí, y por ello, cuatro submarinos de Sillmarem les aguardaban creando un círculo de seguridad.
-Mi Señor, descendemos -dijo el piloto.
-Vamos allá, sujetaros.
-Inmersión en tres, dos, uno… ¡ahora!
La cápsula se deslizó sobre las olas para después penetrar en las profundidades marinas; el violento oleaje les sacudió con fuerza; la cápsula era un modelo de propulsión inspirado en los cefalópodos de su mundo marino.
–Mi Señor, un par de submarinos imperiales se dirigen hacia nosotros -dijo el piloto.
-Lo que me faltaba, morir estrujado en esta lata de sardinas -dijo Troya, angustiado.
-¡Atención para fuego uno! -ordenó Valdyn-. ¿Distancia de tiro?
-Distancia de tiro confirmada, mi Señor. Se mueven muy rápido.
-¡Atención para fuego dos!
-Eyección fuego uno confirmado. Fuego dos confirmado.
-Total, tres disparos confirmados, mi Señor.
-Preparen contramedidas. Señuelos uno, dos y tres.
-Señuelos uno, dos y tres lanzados, mi Señor.
-Vire a babor, piloto.
La cápsula giró sobre sí misma antes de virar.
-Han formado un triangulo de ataque, mi Señor.
-¡Abran el portón circular de la entrada submarina!
-Portón circular de entrada abierto, mi Señor.
-Aumente la velocidad.
Un portón circular comenzó a deslizarse para dejarles paso.
-Tres torpedos corriendo, mi Señor.
Los Delphinasills se miraron asustados. Estaban muy nerviosos, ya que era una sensación de claustrofobia nueva para ellos. Valdyn observaba con atención los monitores de la tabla de mandos. El piloto, un experto Xiphias, movía las manos sobre los controles con serenidad y eficacia.
-Red de magneto-mina flotante cercando la entrada.
-Descargas de colisiones múltiples -dijo Valdyn-. Conectad barrera antimagnética.
Las detonaciones hicieron vibrar la cápsula con fuerza.
-Hay un pequeño hueco libre, mi Señor.
-¡Aprovéchelo piloto!
Los Delphinasills temblaron en sus asientos; el primer señuelo, un misil de corto alcance, consiguió explosionar el tercer torpedo imperial mientras cruzaban el portón submarino que se cerraba tras ellos. El segundo torpedo giró buscando un blanco alternativo y persiguiendo al segundo y tercer misil de señuelo.
Un submarino imperial lanzó una contramedida haciendo estallar el segundo misil. El tercer misil Xiphias fue interceptado por una contramedida al tiempo que el tercer y último torpedo imperial hacía blanco en una de sus naves.
El holoplano-táctico de la cápsula de los Delphinasills que les mostraba el seguimiento de cada nave, torpedo y señuelo, apagó la luz correspondiente al submarino imperial que les había atacado.
-Un impacto confirmado. Dos impactos confirmados, mi Señor.
-Cree una barrera de burbujas.
-Sonoboyas de aire fuera. Campo insonorizado.
-Aproveche para avanzar a toda máquina, y descienda.
-¡Vamos demasiado deprisa!
-Ajuste los estabilizadores de proa.
-¡Estabilizadores ajustados!
-Suspensores de popa, ¡conéctelos!
-Conectados, mi Señor.
Con un brusco tirón, la cápsula, tras haber cruzado la apertura, frenó desplazándose con suavidad para emerger por una gruta subterránea. Ya estaban, una vez más, en el interior de la fortaleza de Ravalione. Los Delphinasills sintieron que renacían al volver a sentir el aire húmedo y fresco en sus mejillas.










4 comentarios:

Rosa dijo...

Te deseo un feliz fin de semana con todo mi cariño y mi amistad.

Un besito Rosa

Gabrielacus dijo...

Igualmente Rosa. Bienvenida a Sillmarem. :)

Sandra dijo...

Pasaba a saludarte, por cierto estoy tardando en leer Sillmarem porque últimamente leo poquito, pero estoy disfrutando de la lectura, que conste, todavía no tengo dolor de cabeza, je je.

Mientras lo leo lo voy imaginando y la verdad que es muy fácil gracias a las descripciones que aportas y a las imagenes del blog, son una maravilla.

Cuando lo termine me releeré Xiphias porque aunduve algo perdida cuando lo leí y creo que me perdí muchos detalles.

Ya te iré contando, un saludo

Gabrielacus dijo...

Las ilustraciones son de Francisco Pacheco cuyo blog ya conoces. Me alegro mucho sobre todo por tu salud. Tu blog está quedando muy chulo. Un abrazo. Sandra.