En el quinto número de Enero.
…Había una vez un triste y solitario anciano, paseando cabizbajo por una de las blancas y relucientes playas de Marelisth. Era tan profunda su congoja, que deseaba morir para dejar de sufrir.
—Dime anciano ¿cómo osas menospreciar el don de la existencia? Una hermosa silueta cobró forma, en la orilla, deslumbrando con su belleza al anciano.
Este alzó su cabeza asombrado y lejos de asustarse, le contestó las siguientes palabras:
—Quiero morir para dejar de sufrir. Lo he logrado todo en la vida, riquezas, poder, reconocimiento, fama y todos los placeres de los sentidos y el amor. Pero no he logrado saber cuál es la autentica belleza, la más bella de todas las cosas.
—Entiendo —le contestó la señora de las aguas. A cambio de tu dolor pasado, te ofrezco esta rosa. La rosa de los sentimientos y las emociones.
El anciano la tomó dubitativo con suma delicadeza, y se marchó cabizbajo y confuso. A los tres días retornó al mismo lugar.
—He conocido las mismas sensaciones que el resto de seres vivos de la creación, pero no he encontrado aún la autentica belleza de las cosas dijo con un profundo dolor y desesperanza reflejada en su semblante.
—Hablas bien anciano, con sinceridad. Por tu dolor presente, te ofrezco la segunda, de mis rosas, la rosa de la mente y de la lógica. Te permitirán comprender de forma más precisa y justa la realidad material que te rodea y a sus criaturas. El anciano agradecido, la cogió y se marchó más aturdido todavía.
Tres noches más tarde, volvió al mismo lugar más triste y abatido aún. —Señora de las aguas, aún no he logrado hallar la autentica belleza de las cosas.
—Dices bien anciano, una vez más, puesto que únicamente con las dos primeras rosas, con el paso del tiempo al final solo hallarías, al egoísmo y a la crueldad morando en tu interior. Por ello te ofrezco a cambio de tu dolor futuro, mi última y más preciada rosa, la rosa de la sabiduría, con la cual unirás, guiaras y usaras la esencia de las tres. Para proteger y amar a toda forma de vida y siendo amor con ellas, entonces y solo entonces, comprenderás en toda su esencia y significado, la autentica belleza de todas las cosas, formando parte de estas para siempre. Pero no olvides esto, el sendero de cada ser humano, está siempre sembrado de momentos agudos y dolorosos como una espina y suaves y dulces como un pétalo, pero al final siempre, siempre permanece la pureza de su fragancia, una fragancia digna de la eternidad.
Entonces el anciano, con profunda humildad la tomó y se retiró en silencio pero con una esperanzada sonrisa en los labios. Comprobando como solo compartiendo la felicidad y el amor, se podía conocer la auténtica belleza de todas las cosas. Cuentan las leyendas que desde entonces el escudo de Sillmarem, porta esculpidos las tres rosas de
Antiguo cuento para niños de Sillmarem
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