22 de julio de 2011

Making off VIII: Zasars (Parte I).



MAKING OFF DE SILLMAREM VIII.


8. Zasars (Parte I).


Nota: Este capítulo dividido en dos partes, se desechó de Sillmarem III, por excederse en las descripciones y la imprecisión de algunos diálogos. Se plantea un atentado contra Nathaniel Lowenstein en “venganza” por haberse dejado seducir por Kimura la concubina del Conde.

(Disfrutadlo).


—Maldito bastardo, ha faltado poco para que me mate —maldijo Nathaniel, de no ser por Troya ahora ya estaría muerto.

— ¿Cómo te anticipaste? —preguntó Sarah con la mirada fija, en el Zasars. Novak oteó los alrededores en busca de cualquier señal anormal o sospechosa. El zumbido de los coches—aéreos, rastreando los alrededores del faro blanco de Marelisth resonaba a los lejos.

—Troya percibió sus pensamientos, estaba ocultó entre los escombros, con camuflaje sensi—óptico, de no ser por mi bioarmadura, su proyectil envenenado habría acabado conmigo —explicó Nathan agitando la cabeza.

—Y de una manera horrible por cierto, es verdad usaba proyectiles envenenados —corroboró Troya, estudiando uno de ellos.

— ¿Como lo neutralizasteis? —preguntó Sarah de nuevo, inclinándose un poco hacia delante, estudiando el cuerpo del Zasars con calma.

—Troya lo bloqueó telepáticamente, mientras yo lo desarmaba, pero su arma se disparó, inoculándose a sí mismo el veneno, ha sido una torpeza mía, lo lamento —se disculpó Nathan.

—Podíamos haberlo interrogado —susurró Troya.

—No deberías, quería asesinarte —le recordó Sarah con frialdad en su voz.

—Deben tener una muestra de tu ADN, han debido estar ocultos en Sillmarem, aguardando escondidos hasta que llegara el momento de localizarte y eliminarte, son capaces de esperar durante años para lograr sus objetivos, por este motivo son tan apreciados en el Imperio —Sarah intentó arrastrar el cuerpo del Zasars hacia la espesura, pero pesaba demasiado.

—Maldita bestia —maldijo Nathan.

—Es inútil, maldecir no nos servirá de nada —comentó Sarah.

—Has hablado en plural —observó Nathan.

—Pueden haber más…—comentó Troya.

—Debemos combinar nuestras fuerzas, bien, uno, dos… Ahora.

Apenas lograron arrastrarlo unos metros, aunque lo suficiente como para mantenerlo oculto a la vista de cualquiera que pasara por aquella plaza en ruinas.

Giraron el cuerpo del Zasars, sobre el agrietado suelo de mármol y lo registraron. Una mueca de repugnancia se dibujó en sus rostros.

— ¡Dioses como pesa!, es enorme —se quejó Troya.

Nathaniel no pudo evitar, que el olor a quemado y cenizas de la zona, le hiciera sentirse culpable, la superficie del planeta había sido arrasada por su culpa. El Conde había logrado superar las defensas de Sillmarem, gracias a la información que su leal Kimura, su concubina, había extraído de la mente de Nathan, mediante neuroseducción, en un momento de debilidad. “Tanta desolación por mi culpa”. Pensó con amargura.

—Novak, ve a avisar al resto de Delphinasills y date prisa. Si nos cogen aquí, estamos en posición vulnerable nunca se sabe cuando pueden volver esos Koperian —ordenó Sarah.

—No te preocupes, dame solo un minuto.

—Que nuestros científicos—militares, examinen el terreno y al cuerpo, debemos encontrar al resto de Zasars lo antes posible. Como ya he dicho, no habrá venido solo, es conveniente hacerlo antes de que suceda alguna desgracia. —aconsejó Sarah. Los Xiphias comenzaron a usar sus detectores anti—Androkaze y anti—bombas, un anillo de seguridad los circundó, con una diferencia de tres metros entre cada soldado de Sillmarem. Con una de sus rodillas sobre el suelo, sus armas cargadas y la mirada concentrada, vigilando la zona con sus sentidos alertas. Novak se perdió en la oscuridad, mientras Sarah miraba en los bolsillos del Zasars. Su rostro maquillado con llamativas pinturas de guerra estaba enfriándose y sus facciones se retorcían de manera horrible.

Sarah le tomó el pulso, retirándose precipitadamente de él. ¡Aún vivía! Increíble, su resistencia es asombrosa, Pensó. Un estremecimiento recorrió sus miembros. El Zasars expelió el aire por última vez, con un último estertor, aun así, Sarah se le acercó con cautela tomándole de nuevo el pulso.

Había fallecido con terribles temblores. Sarah Por un momento, aplicó su mano sobre el musculoso brazo, estaba muy rígido.

El corazón le latía aceleradamente, se pasó la mano por el cuello, haciendo lo posible por ignorar su repugnancia. Necesitaba información, debía poner manos a la obra cuanto antes. Palpó, registrándolo y tanteando de arriba a abajo, hallando colgado un saquito repleto de "gotas de arco iris". Perlas de Iridyssen, una auténtica fortuna, quienes han adquirido sus servicios, han pagado altos honorarios al contado. Sarah examinó atentamente sus manos y las olisqueó, le quitó el macuto y lo que pudiera serle de utilidad, para ser posteriormente analizado por Chakyn Chakiris.

Un intercom de pulsera, visores nocturnos de largo alcance, varios Shuriken envenenados, un identificador de ADN, pistolas y un rifle desmontable con mira telescópica, cargadores de distinto tamaño y munición. Poseía extraños tatuajes y epigramas en las manos y resto del cuerpo. Le desabrochó la armadura estudiando con especial atención, el tatuaje de una mantis religiosa hembra devorando a su macho, que había en su pecho izquierdo.

–Curioso —murmuró por lo bajo. Un mal presentimiento nació cobrando más fuerza en su ánimo, comenzando a percatarse de lo precaria de su situación. Sillmarem estaba expuesta de nuevo a ser arrasada en cualquier momento. El Conde les llevaba demasiada ventaja. Corrían multitud de rumores sobre los Zasars, cosas como que bebían sangre humana y devoraban algunos órganos de sus víctimas después de ensañarse con sus cuerpos, practicando espeluznantes ritos y sacrificios. Tenían fama de acabar lo que empezaban, no rindiéndose jamás. Sabía que los Zasars disfrutaban causando dolor, alargando la agonía y muerte de sus víctimas, disfrutaban torturando. Todavía no lograba explicarse, como los dioses permitían la existencia de semejante criatura.

—Tendrás forma humana, pero eres tan solo una bestia sanguinaria.

—susurró Sarah, apretando los dientes.

—Es un cazador de hombres, un caza recompensas. No debes subestimarle —le aconsejó Nathan.

—Y no lo hago, solo lo desprecio —aseveró Sarah.

Un zarcillo colgaba en su nariz. Le llamó la atención como debajo de su ojo izquierdo lucía tatuada una pequeña lágrima negra, dando al conjunto de sus facciones un aspecto surrealista.

—Bueno, bueno, que tenemos aquí —cerca de su cintura halló una Katana que le era muy familiar. Una espada Rebelis, con su clásica empuñadura de marfil con la cabeza de un dragón y dos valiosísimas esmeraldas como ojos. Eran esmeraldas conocidas como "ojos de leopardo" muy apreciadas en los planetas interiores del Imperio y la Interfederación.

A solo unos pasos de Sarah, Nathaniel daba vueltas concéntricas rastreando la zona, sin apartar la mirada del suelo. Sarah observó como destacaba finamente tallada en la hoja el inconfundible león Rebelis con ojos de fuego azul. “¿De dónde demonios la habrá sacado?”. Se preguntó perpleja. Aquella espada le era familiar, “¡es la espada de un Rebelis!”…“¿quién demonios se la habrá facilitado?”.

—Es, es…yo conozco está Katana, es la espada de Atsany, el ayudante de confianza de mi padre —Sarah identificó el arma sintiendo un oscuro estremecimiento interior.

—Este Zasars puede haber partido desde el mismísimo planeta Ekatón. Sarah agitó la cabeza impactada, comenzó a respirar hondo. Observó varias muescas, en la culata de su rifle. Sorprendente, aquel cazarecompensas no había perdido el tiempo. Sus dedos acariciaron una bolsa cuero de su cuello con sus fetiches, era piel humana, los Zasars creían en la reencarnación. Un viejo proverbio de Zaley—te le vino a la mente, "los viejos dioses nunca mueren se renuevan..."; a lo que ella añadió para sí, "y las supersticiones también...". Volvió a examinar exhaustivamente, con movimientos silenciosos, su rostro, sus facciones estaban rígidas. Un sentimiento de rabia despertó en su interior.

—Veneno de acción acelerada —murmuró atemorizada sintiéndose asqueada por semejante criatura. Maquillado con espantosas pinturas de guerra era más estremecedor muerto que vivo. Sarah vio que uno de sus hombros estaba lleno de pequeñas señales circulares, unas ya cicatrizadas, otras más recientes. Señales inyectadas, pensó. Éste Zasars se drogaba. Efectivamente, buscando, halló varias capsulas de una droga alucinógena conocida como Dinaserte. Muy cara y peligrosa, el Dinaserte destrozaba la capacidad receptiva y emocional de su consumidor, volviéndole más agresivo y aumentando la producción de adrenalina y la fuerza, aunque a largo plazo, producía enfermedades cardiovasculares que terminaban por acabar con su vida.

Inconscientemente varios recuerdos acudieron a su memoria, no podía olvidar como hacía más de diez años Nathaniel había arriesgado su vida para salvar al grupo de los cazarecompensas enviados por el Conde, a la salida del invernadero de la academia de Thenak en el planeta Thenae, también fueron Zasars como aquel. La historia parecía repetirse.

“¿Por qué? este maldito Zasars ha intentado asesinar solo a Nathan. Debe haber un motivo…pero ¿Cuál? ¿Cuál? Se preguntó Sarah obsesionada.