2 de agosto de 2011

Making off IX: Zasars. (Parte II).


MAKING OFF DE SILLMAREM IX.


9. Zasars (Parte II).


Nota: Esta parte también se desechó por imprecisión en los diálogos y principalmente por desestimar su línea argumental siendo sustituida por otra más precisa.


(Disfrutadlo).


—Troya, ¿podrías hacer un sondeo telepático de este Zasars? —pidió Sarah Seberg, a su lado Nathan, procuraba ocultar un profundo sentimiento de culpa, en el fondo deseaba luchar y morir con los Delphinasills aunque careciese de poderes, expirando así de alguna manera sus errores.

—Pero, ya está muerto —objetó Troya.

—Su muerte cerebral es reciente, quizás podrías averiguar algo —razonó Sarah.

—Pero sus células, ya están muertas, debido a la falta de oxigeno, no creo que…—dudó Troya.

—Puede que sus tejidos, no se hayan degenerado del todo —apuntó Nathan.

—Bueno, técnicamente hablando…

—Al menos inténtalo, podríamos encontrar algo interesante —insistió Sarah, cada vez más desafiante y luchadora. En su mente la derrotada imagen de Valdyn, le escocía profundamente. El príncipe de Sillmarem, no dejaba de lamentarse, argumentando en su intimidad compartida con Sarah, como sus creencias ya no le servían de nada, cuestionándoselas una y otra vez. Estaba hundido, carcomido por el abatimiento y Sarah lo sabía, una oscura agonía parecía haberse encaramado en su ánimo.

—Veré lo que puedo hacer —aceptó un Troya resignado. Sarah observó fascinada las manos de Troya, las yemas de sus dedos, se iluminaron por unos instantes, posándolos en las sienes del Zasars, durante unos segundos Troya guardó silencio, profundamente concentrado.

—Dime Troya ¿Has encontrado algo? —preguntó una impaciente Sarah, observándole con mucha atención. Troya apoyó esta vez su mano en la frente del Zasars, ejerciendo así su talento telepático: —Puedo percibir algunos pensamientos diseminados…dinero mucho dinero, dos panteras dientes de sable negras…un oficial alto y fuerte…pelo rubio…lo conocemos…su rostro me es familiar…—observó Troya con los ojos cerrados, asimilando la información de la mente del Zasars.

—De todos modos hay una cosa que aún no entiendo, ¿A que espera el señor de Ekatón para exterminar Sillmarem? —preguntó en voz muy baja un desconcertado Nathan, observando como Novak se acercaba hasta ellos silenciosamente.

—Puede que por motivos estratégicos, primero querrá hacer oficial su nuevo status de Imperator —razonó Sarah en voz baja.

—Es una posibilidad, nada desdeñable —reconoció Nathan.

—El Conde, al haber injerido el elixir, necesita un tiempo de adaptación para asimilar sus propiedades, ese puede ser otro de los motivos por los que aún, no nos haya dado el golpe de gracia, si es que lo ha ingerido... —prosiguió Sarah.

— ¿Puede que el elixir no haya funcionado con él…?

—Tal vez —susurró Sarah.

—O ambos motivos o alguno más —intervino Novak, captando rápidamente los derroteros, por donde se deslizaba la conversación de sus amigos.

—Podía haberlo hecho de todos modos —insistió Nathan dubitativo.

—Ha estado durante tanto tiempo, obsesionado por hacerse con el elixir de Vitava, su elixir (no debemos olvidar que siempre ha sido legítimamente suyo), que probablemente le ha faltado tiempo para probarlo en su persona. Mucho me temo que el Conde, a estas alturas debe estar experimentando sus efectos

—razonó Sarah.

—Eso es solo teoría. Podría muy bien perecer en el proceso —señaló Nathan.

—Podría…aunque lo dudo, el elixir funciona, ¿Por qué no habría de hacerlo en su anatomía?

—Ojala te equivoques…

— ¡Mesala! El Senescal del Conde, las panteras dientes de sable, son las mascotas del Conde —identificó Troya interrumpiéndoles con brusquedad, mientras su capacidad telepática sondeaba el cerebro del Zasars.

— ¿Eso contiene la mente de este endemoniado esbirro del Conde?

—preguntó Novak sorprendido.

—Su memoria, su memoria, ¡guardad silencio!… —ordenó Troya.

—Está viendo algo…—susurró Nathan.

—Silencio…fragmentos esparcidos de su consciencia…vivo o muerto…

— ¿Vivo o muerto?, buscan a alguien probablemente a Valdyn, o incluso a ti Sarah. —razonó Novak.

—Es lo más probable —corroboró Sarah.

—No le interrumpáis…

—Somos objetivos de primer orden —murmuró con una dura sonrisa Sarah.

—Esperad hay algo mas…Lowenstein… ¡buscan a Nathan! —soltó Troya mirándole significativamente.

—Eso ya lo suponíamos, pero ¿Por qué?

— ¿Por mí?, ¿van a por mí?, debe haber un motivo… susurró Nathan asombrado.

— ¿Por qué? —preguntó Novak.

—Es cierto ¿Por qué? —repitió Nathan.

— ¿Estás seguro? —preguntó Sarah.

—No había ningún tipo de implante de memoria o sintético—neuronal falso, lo que hay es lo que hay —afirmó Troya con seguridad.

—Eso no tiene sentido…ya no soy útil para nadie, el Conde podía haber acabado conmigo cuando Anastas y yo estuvimos prisioneros en Ákila

—comentó Nathan agitando su cabeza confundido.

—No es por motivos estratégicos—políticos, es algo, algo…—barruntó Troya buscando la palabra adecuada.

—Personal —recalcó Novak.

—Exacto, debe ser algo personal —asintió Sarah.

— ¿Personal?, ese desgraciado no ha dejado de hacernos la vida imposible cada vez que ha tenido una oportunidad, no entiendo que puedo haberle hecho…—se defendió Nathan.

—No a él no, debe ser a alguien cercano a su persona, en su círculo más íntimo de sirvientes —propuso Troya.

— ¿Te suena el nombre de una tal Kimura…?.

—No.

—Parece ser una concubina al servicio del Conde — añadió Troya, haciéndole una descripción física de Kimura.

—Su descripción coincide con la de la geisha que me extrajo mediante neuroseducción la localización del planeta Sillmarem, en el planeta Krystallus—Nova, tuve relaciones íntimas con ella, contra mi voluntad —dijo Nathan con mucha seriedad.

—Te acostaste con la concubina del Conde, por eso quiere matarte.

— ¿Cómo es posible que este Zasars sepa esto? —preguntó Nathan perplejo.

—Lo ignoro por completo, pero es algo que está en su memoria reciente. Sabe quién es Kimura, pero nada más, la habrá visto en Ekatón. El resto lo podemos deducir nosotros, puede que el Conde este celoso, es solo una hipótesis nada despreciable…—dijo Troya posando su mano en la frente de Nathan, para transmitirle la imagen de Kimura, con su capacidad telepática.

— ¡Fue en contra de mi voluntad! —se defendió Nathan.

—Dioses ya recuerdo es ella… ¡son la misma persona!

—Nadie te está juzgando —aclaró conciliadoramente Sarah.

—Es cierto, tranquilízate amigo —le pidió Troya.

— ¡Me engañó!

— ¿Y qué? Eso da igual —observó Sarah.

—Puede que para el Conde no —señaló Novak.

—Puede ser…es factible, pero fue ella quién me sedujo —titubeó Nathan.

—Pueden que esa tal Kimura y aquella mujer de Krysstallus—Nova sean la misma persona, con identidades distintas —dedujo Novak.

—Son la misma persona —sentenció Troya.

—Eso explicaría muchas cosas y sobre todo. Como el Conde logró hacerse tan rápidamente con los códigos y claves de acceso de nuestro planeta Sillmarem —Razonó Sarah.

—Lo que dice Sarah no carece de sentido Nathaniel —apuntó Novak.

—Este Zasars debe haber partido desde el planeta Ekatón y haber escuchado más de la cuenta, es un milagro que hayamos dado con él —concluyó Sarah.

—No sé qué decir, fui engañado…no pude hacer nada…

—Ese detalle está de más para la vanidosa forma de ser del Conde, según su punto de vista tocaste algo de su propiedad, algo que le pertenece para por así decirlo de su uso propio y exclusivo. Por eso te quiere vivo o muerto, ha puesto precio a tu cabeza y debe ser astronómico —especuló Sarah.

—Eso es tan inverosímil y absurdo que puede ser cierto, a veces me das miedo Sarah —observó Novak.

—Ese hombre es increíble, es locuaz hasta para su deformado sentido del orgullo herido y los celos —soltó Nathan con amargura.

—Creo que Sarah tiene razón, ahora las piezas parecen encajar en mi mente —corroboró Troya.

—Quisiera añadir un detalle más, este Zasars obtuvo dicha información, escuchando a escondidas la conversación de dos Walkirias de alto rango del Conde.

— ¿Y qué me queréis decir con todo esto? —gruñó un Nathan indignado.

—Que a partir de ahora nunca iras solo, sin protección, Troya y Novak serán tus escoltas, que mejor que dos de tus mejores amigos —explicó Sarah con sencillez mirando de reojo los restos del Zasars.

— ¡Eso es ridículo!, se cuidar muy bien de mi mismo.

— ¿Al igual que en Krystallus—Nova? —le reprochó una Sarah implacable.

—Eso no es justo, ya estoy pagando por ello —la cólera crispó el rostro de Nathan.

—Me limité a exponerte lo que he visto en su mente, no pretendo juzgarte —le razonó Troya con suavidad.

—Mira a tu alrededor nada de esto lo es —le mostró Sarah señalando las ruinas de lo que antaño fueran hermosas construcciones de Marelisth. Gracias a los códigos extraídos mediante neuroseducción por Kimura de la mente de Nathan, el Conde había logrado superar las defensas de Sillmarem y robar la fórmula del elixir de Vitava.

—Solo salí un momento a tomar aire, fuera del faro blanco —explicó Nathan.

—Ha sido una temeridad, la superficie de Sillmarem no es segura y lo sabes —le reprochó Sarah.

—Pero…

—No me lo discutas, sabes que es así, estamos en tiempos de guerra —le cortó Sarah con brusquedad.

—Míralo de otra manera, esto ha sido un aviso, podría haber sido peor, nos podía haber sucedido a cualquiera de nosotros —sugirió Troya.

—Yo…

—Hasta que acabemos con ese loco deberá ser así, es una orden directa

—atajó Sarah con una dureza en su voz desconocida para Nathan. Con esta frase le daba a entender, como ella había obedecido una orden directa suya, el día que los Zasars asaltaron la academia de Thenak, en el planeta Thenae. El haberle obedecido sin dudarlo pese a su juventud, les había salvado a todos la vida, desde cierto punto de vista. Nathaniel comprendió la intención de Sarah, pero había algo más, aunque no sabía el que.

—No me estás diciendo toda la verdad, ese no es tu estilo, creo que merezco saber el motivo, bastante pesada es ya mi carga. Una parte de mi nunca olvidará, que parte de las desgracias del pueblo de Sillmarem, fueron provocadas por mi culpa —murmuró cabizbajo Nathan.

—No lo he hecho por eso, ¿harás lo que te pido?

—Si lo haré, si no hay más remedio —asintió Nathan con amargura.

—Es cierto, hay un motivo —corroboró con sinceridad Sarah.

— ¿Sarah? —Troya y Novak la miraron sorprendidos, a su alrededor un escuadrón de Xiphias peinaba la zona en busca de mas Zasars, se habían introducido en el planeta con asombrosa facilidad, demasiada. Troya lanzó una furtiva mirada al Zasars, antes de alzarse de su lado.

—Estamos perdiendo progresivamente nuestra humanidad, en no mucho deberemos servirnos de tu mirada humana, para no olvidar la raíz de nuestros orígenes, ni cómo funciona la naturaleza de los hombres.

—Entiendo…

—Lo que queda de nuestra flota, se haya ocultada por un derivado del sistema de los anillos de Guerón, entre las tres lunas de Sillmarem, en su momento puede que nos salve a todos la vida, de los Koperian —señaló Sarah, cambiando de conversación con rapidez.

— ¿Qué tenéis pensado hacer? —preguntó un Nathan aturdido.

—Iremos a por él —susurró Sarah enigmáticamente, dándole la espalda mientras Troya posaba su mano en el hombro de Nathan.

–Nuestra mejor defensa será un ataque, de lo más inesperado para él.

— ¿Un ataque?, ¿para quién?... ¿El Conde?

—Para acabar de una vez por todas con aquel que representa lo opuesto a lo que más amamos, el Conde Alexander Von Hassler —terminó por decir Sarah, mientras varios Xiphias cerraban filas a su alrededor.

— ¿Sabías que el Conde te había enviado una invitación oficial para su coronación? —le confió por lo bajo Troya.

— ¿Como sabes eso? —preguntó Nathan en ese momento, Troya era la única persona a la que sabía podía confiarse plenamente.

—Por que ha hecho lo mismo con nuestros familiares —dijo Troya.

—Parece querer guardar las formas, frente a la aristocracia del Imperio, por el momento —murmuró pensativo Nathan.

—Sonrisa de porcelana y corazón de plastanio…—recitó Troya alzándose para seguir al resto de sus compañeros. Nathan se preguntaba qué plan tramaba Sarah y Valdyn en sus cada vez más complejas mentes y menos humanas. Un oscuro escalofrió sacudió su interior. Rezaba porque sus amigos no se convirtieran en lo que ya se estaba convirtiendo el Conde, en un monstruo carente de humanidad.