17 de agosto de 2009

ACTOS BÉLICOS DE SILLMAREM (Extracto IV).




ACTOS BÉLICOS DE SILLMAREM. (Extracto IV).



…Nika observó que aquella moto estaba equipada con el último sistema–múltiple anti–gravedad del mercado. Es una máquina con temperamento. Justo lo que necesitamos, pensó al desconectar su burbuja de protección–aislante.


—Hacía tiempo que no manejaba una de éstas —murmuró con una sonrisa—. Sensores de rastreo, blindaje mercúrico, una maravilla.


Nika tomó el casco y se disponía a ponérselo cuando unos disparos pasaron sobre sus cabezas y se lo arrancaron de la mano. En ese instante alzó la cabeza, sobresaltado.


¡Sin el casco no podemos conducir la moto–jet!


— ¡El casco! ¡Lo necesitamos! ¡Sin él no podemos pilotar la moto!


Rebecca se abalanzó a buscarlo. No quería quedarse atrapada en aquel sucio callejón. Se arrodilló, dio una voltereta, lo agarró desesperada y se lo lanzó a Nika. Por fortuna, Titlomes había desconectado el campo de protección del vehículo. El suelo explotó bajo los pies de Titlomes.


Rebecca se encaramó a Nika sacando fuerzas de sus pies agarrotados. Nika accionó el panel de mandos. La luz azul de la consola se reflejaba en sus retinas mientras en la pantalla apare­cían hileras de datos de comprobación y encendido. Un agudo zumbido cortó el aire muy cerca de sus espaldas.


Titlomes, con parte de su ropa teñida de rojo, intercambiaba disparos con dos oscuras figuras que les atacaban desde lo alto de un ático cercano. Una de ellas, al ser alcanzada, retrocedió emitiendo un desgarrador alarido antes de caer.


Por fin, Nika arrancó la moto–jet. La parte delantera se levantó con un silbido, levitó unos metros, encendiendo los intermitentes de navegación y avanzó, tomando altura, entre una nutrida lluvia de ráfagas de luz. Accedieron por un largo corredor a todo lo que aquella máquina daba de sí. Otra violenta explosión sacudió el callejón a sus espaldas.


El estruendo reverberó en sus oídos mientras trozos de piedras volaban alrededor. Su moto–jet se desestabilizó al recibir múlti­ples impactos. Cientos de resplandores iluminaron la oscuridad a su alrededor. Mirando de soslayo, Rebecca vio cómo Titlomes se adentraba en la puerta del garaje cojeando.


Al final del callejón, una silueta, una increíble masa de músculos, se erguía ante ellos cerrándoles el paso al tiempo que los encuadraba en su punto de mira. Era un Androkaz empuñando un enorme rifle de francotirador. Nika lo embistió en una acción desesperada, cercenándole su brazo ejecutor. Tomó más altura y atravesó un maremagno de disparos en su huida.


Rebecca giró la cabeza percatándose de que numerosas figuras, a la carrera, se apresuraban por cortarles el paso utilizando todo tipo de armas. Nika volvió a acelerar buscando una salida con desesperación.


Pasaron a través de aquellas construcciones de metal y cristal, llenas de letreros luminosos, sumergiéndose en un cúmulo de zigzagueos en el núcleo principal de la ciudad, buscando su cinturón exterior hacia la selva de Puline. Pronto avistaron a sus espaldas a un grupo perseguidor de vehículos–aéreos...





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