18 de enero de 2010

ESCENAS DE SILLMAREM (Entrada Submarina. Parte I)


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LIV
ENTRADA SUBMARINA
Ningún ser humano puede escapar a las luchas del corazón y sus tentaciones desde que nace hasta que muere. Eso es lo que nos hace ser hombres, y es en esa superación constante donde se calibra la belleza de nuestras almas”.
Miklos Sillmarem.
(Dando forma a nuestra honestidad)

Capítulo LIV. Entrada Submarina. (Parte I).
Elektra Zephyrus y sus hovercraft de asalto envolvieron a los exoguerreros del tercer y segundo portón mientras cientos de Walkirias salían del primer portón reestructurando una nueva línea de defensa. Las Amazonas de Sill se abrieron en abanico disparando a quemarropa, cubiertas por los tankoarietes; innumerables impactos arrancaron fragmentos de la pantalla protectora de sus blindajes, hiriendo a sus ocupantes; algunos carros Xiphias se vieron obligados a retroceder, disparando con su triple cañón más descargas en intervalos más cortos; blindados de doble torreta los escoltaron cubriéndoles los flancos; los ingenieros de Sill intentaban colapsar las comunicaciones de la fortaleza para evitar que el enemigo se organizase.
Las Walkirias, con bayonetas ígneas que cortaban el metal como si fuera mantequilla, seccionaban y desmembraban formando una resplandeciente línea de anaranjados cuchillos danzantes; los gritos de horror y dolor quedaban difuminados por el abigarrado retumbar de los cañones láser; cuerpos carbonizados de Xiphias y Walkirias flotaban en el agua al compás de las olas; trozos de carne y metal semienterrados en la orilla salpicaban la playa de un extremo a otro.
Un Xiphias se apoyó en el hombro de su compañero, y a su lado, otro camarada se tapaba un ojo destrozado, mientras los cuerpos renqueantes de las Walkirias se arrastraban por la arena o caían de rodillas esputando sangre.
Desembarcaron más tropas de refresco y algunas unidades de Xiphias lograron penetrar en el primer portón. Las apretadas filas de Walkirias avanzaban y retrocedían ondulándose ante las enérgicas acometidas de la infantería Xiphias.
Antes que dejarse capturar vivas, se lanzaban cargadas de bombas magnéticas contra sus adversarios, exterminando a cualquiera que hubiese a su alrededor. Una oficial Walkiria, enrabietada, se lanzó a por un Xiphias asestándole una docena de puñaladas. Todo eran rostros contorsionados por el miedo, la rabia, el odio y la furia. Los proyectiles sembraban la muerte a cada golpe de mar, y las fragatas, convertidas en bolas de fuego errantes, iban a la deriva.
Mientras tanto, Valdyn y el resto de los Delphinasills, avanzaban rastreando aquella gruta subterránea con extremo cuidado. Se abrieron camino adentrándose en una sala oscura, sintiendo el murmullo de una cascada que llevaba hasta un largo río subterráneo.
Atravesaron un par de salas más, penetrando en una estancia saturada de ramilletes y flores de cristal, calcita y aragonito, donde incluso Troya enmudeció ante esa maravillosa belleza. Ethne emitió un sonido comprobando que la acústica era irreprochable. Un poco más a su derecha, pudieron ver multitud de concreciones esféricas de caliza. Perlas de caverna que se formaban a partir de un grano de arena. Thoth alumbró con su linterna la superficie de las aguas, viendo reflejados sus rasgos.
Avanzaron por dos corredores más hasta una escalera toscamente tallada en la roca que indicaba la salida. Valdyn apoyó su mano en una cerradura dactilar, abriéndose la puerta de acceso con un suave siseo. Por fortuna, el código no había sido cambiado ya que los soldados imperiales no conocían esa entrada a la fortaleza. Asomó con cuidado la cabeza, viendo un largo pasillo que parecía despejado.
Una vez dentro, sus botas pisaron una bella alfombra fabricada en los mundos de Indha de color negro. Las paredes de mármol destellaban con la luz de sus focos. Un Xiphias consultó en un holoplano la señal del implante de Löthar; no andaba lejos.
Ascendieron por un estrecho pasillo, y tal y como sospechaban, los cinco círculos habían cambiado. Llegaron al final del pasillo del que salían otros tres nuevos corredores que no estaban en sus planos. Al comienzo del pasillo que estaba más a su izquierda había una puerta con otra cerradura dactilar.
-La señal nos conduce aquí, mi Señor -dijo el Xiphias señalando el holoplano.
-Es cierto… están aquí -confirmó Troya.
Valdyn apoyó su mano, pero la puerta no se abrió. Volvió a intentarlo con idéntico resultado. Con una sensación de impotencia recorriendo su cuerpo, Valdyn generó una bola de energía, y la lanzó contra la cerradura, que estalló en pedazos haciendo que la puerta se abriera. Antes de dar el primer paso, y tras identificar la inconfundible figura de Löthar, Ekonyes y Pholaris, tumbados en un estado de inconsciencia, Troya le agarró de un brazo.
-Quieto, la celda está sembrada de dispositivos trampa.
Sondeando la mente de Löthar se había percatado de la fijación de minidiscos a ambos lados de la celda. Quien cortase un haz de su red foto óptica, conectaría sus secuenciadores haciendo estallar las cargas explosivas.
–Oficial, llamad a los especialistas -ordenó Valdyn lleno de cólera.
Los Xiphias se movieron con cautela.
-Löthar… Löthar… -susurró Valdyn.
-Mi Señor, han usado nanotecnología criptográfica en su secuenciador, nos va a llevar algún tiempo descifrarlo -dijo un oficial activando un descodificador de rastreo.
-¡Hacedlo!
Valdyn conectó su intercom de pulsera y contactó con Elektra.
-Comandante Zephyrus, Löthar está vivo -dijo Valdyn sin atreverse a añadir nada más.
-Gracias a los Dioses -dijo Elektra respirando aliviada.
-Escuchadme bien, tomareis un transporte con algunas de vuestras Amazonas, y aguardareis mi llamada -dijo Valdyn. Su cerebro trabajaba con furia.
-Mi Señor, no puedo abandonar a mis hombres, estamos en plena cabeza de puente.
-Lo sé, haced lo que os digo Comandante -dijo Valdyn, impertérrito.
-Pero mi Señor… -titubeó Elektra, preocupada por Löthar.
-Es una orden.
-Sí, mi Señor. Aguardaremos vuestra llamada.
-¡Estad preparada, Comandante!
Elektra cortó las comunicaciones, embistió con su hovercraft a los exoguerreros de los portones, y se embarcó en un helitransporte preparada para partir en cualquier momento.
-Capitán, en cuanto desactivéis los secuenciadores, trasladareis a Löthar Lakota a la cápsula. Que le atiendan los mejores medicus-met. Sacadlos del planeta lo antes posible, los quiero fuera de la zona de guerra -ordenó Valdyn.
-Sí, mi Señor, pero, ¿cómo saldréis de la fortaleza? -preguntó el oficial tecleando algo en su pulsera.
-No perdáis cuidado y haced lo que os digo.
-Sí, mi Señor -titubeó el Capitán que, ante la severa mirada de Valdyn, actuó con presteza.
Valdyn se apoyó en el marco de la entrada comprobando que, al oír su voz, Löthar reaccionaba mirándole.
-Delphinesen… mi pequeño colibrí…
-Dioses, tiene el rostro destrozado -dijo un Xiphias.
-Debes vivir, ¿me oyes? Debes vivir, te recuperarás viejo amigo.
-Lo han hecho adrede. Los han torturado hasta la saciedad para que los veamos así -dijo Troya con dolor.
-Esto huele a cosa del Conde, Valdyn -dijo Novak.
-Creo que tiene razón -dijo Thoth con amargura.
-Códigos desactivados, mi Señor.
El oficial desplegó una holopantalla tridimensional de luz.
-Aseguraos.
-Sí, mi Señor -dijo el Xiphias revisando los comprobantes de desactivación, una vez más-. Comprobado.
-Sacadlos de aquí de una vez por todas -dijo Valdyn grabando en su mente el desfigurado rostro de Löthar al pasar por su lado, junto a Ekonyes, Pholaris y, para su sorpresa, Nika Corintian.
–Nika Corintian… ¿aquí? -preguntó Valdyn, sorprendido.
-Val, la misión debe continuar, Rebecca y el Príncipe…
Una peligrosa mirada centelleó en las retinas de Valdyn que avanzó con el rostro transformado en una máscara de piedra. Era la viva imagen de la resolución, era tal su dolor por ver a su amado amigo Löthar Lakota en semejante estado, que la cólera nació en su interior amenazando con ofuscar cualquier razonamiento. Los Delphinasills nunca lo habían visto así.
Entre tanto, en el otro extremo del pasillo, una veintena de exoguerreros custodiaban la salida del corredor por el que debían continuar, y antes de que Thoth y Ethne asomaran sus cabezas, Troya tiró de ellos hacia atrás. Un zumbido láser pasó ante ellos estallando al final del pasillo y arrancando pedazos de mármol y plastanio.
Bendita Diosa de Sill, ha faltado poco! -dijo Thoth.
-¡Son exoguerreros! -dijo Ethne.
-¿Aquí? -preguntó Novak.
-Tienen disparadores de doble densidad.
-No podemos enfrentarnos a ellos, no tenemos ángulo -dijo Novak.
-¡Están vivos, ahora estoy seguro! -dijo Troya con gesto triunfal.
-¿Quiénes están vivos? -preguntó Thoth, perplejo.
-Tan agudo como siempre, cabeza de chorlito, ¿quiénes van a ser? Rebecca y el Príncipe.
-Están vivos… ¿los dos? Empezaba a pensar… -dijo Ethne.
-Pero no están solos -añadió Troya esforzándose por vislumbrar más allá del corredor.
-¿Quién los vigila? ¿Walkirias o Casacas negras? -preguntó Novak.
-¿O ambos? -interrogó Ethne.
El rostro de Troya los miró asustado.
-Son… oh dioses, son… quiero decir…
-Vamos hombre, desembucha que me estás asustando -dijo Thoth mirando a Troya-. Ya no somos críos, ¡reacciona!
-Sus pautas cerebrales son como las nuestras –dijo, con el semblante sombrío, Troya.
-Eso no puede ser. No poseen el elixir, ¿no? -dijo Thoth.
-¿Verdad que no, Val? -preguntó Novak.
-Es cierto, no pueden.
-¿Quieres decir que tenemos que enfrentarnos a guerreros con poderes? –preguntó Ethne.
-Eso parece.
-Ahora si que echo de menos a Sarah y Sophy –dijo Ethne.
-Debemos evitar una confrontación directa -sugirió Thoth.
-Pero si necesitan el alga de Vitan, y está en Sillmarem.
-A lo mejor han usado un sustituto o un derivado… -dijo Ethne.
-Creo que Ethne tiene razón -dijo Novak-. Quieren eliminarnos.
Por un instante, todos se quedaron callados, sin saber muy bien qué decir. Enfrentarse a un enemigo con poderes no era algo para lo que se hubiesen preparado.
-Tenemos que pensar algo y rápido.

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