7 de febrero de 2010

LAS TRES PROHIBICIONES



LAS TRES PROHIBICIONES



Los Delphinasills de Sillmarem tras comenzar a sufrir las consecuencias de la ingesta del Elixir de Vitava, hicieron el juramento de las tres prohibiciones.



Primera prohibición: No engendrar hijos, prohibido tener descendencia.



Segunda prohibición: No dar, ni reproducir o copiar nuestro patrimonio genético.



Tercera prohibición: En caso de necesidad, destruir el elixir, el libro oscuro, la fórmula y, por último, sus ingredientes.




Extracto de Sillmarem libro II: Torre por Alfil.



…-Eres incorregible, Nathan –respondió Sarah suspirando.- Aun así, sigo queriendo que seas nuestro pad…

Valdyn le apretó el brazo.


-¿Qué sucede? –preguntó Nathan, intrigado.


-Ahora no, Sarah.


-¿Qué os traéis entre manos?


-Val, ¿no se lo has dicho?


-¿El qué no me ha dicho? –volvió a preguntar Nathan medio divertido medio en serio.


-No… ahora no debemos, es mejor esperar.


-¿Esperar a qué? –insistió Nathan.


-No pasa nada, Valdyn, seguro que él nos apoya. Hemos tenido un hijo, ¿no te alegras por nosotros?


Por un instante, Nathan no supo qué decir, una oleada de sentimientos encontrados se debatieron en su interior.


-Es una broma, ¿verdad? Me estás engañando.


-No es una broma, Nathan, es en serio. ¿Quieres conocerlo?

El gesto de Nathan se transformó al comprender lo que habían hecho sus amigos.


-Locos… estáis locos. ¿Lo saben el resto de Delphinasills?


-En su momento lo sabrán.


-¿Cómo habéis podido?


-Fue un acto de amor, un acto muy humano para nosotros que estamos perdiendo nuestra humanidad -explicó Sarah.


-Pero ese niño heredará vuestros poderes, incluso podría aumentarlos, transmitirlos o algo peor. Las consecuencias… es una locura. No teníais derecho –amonestó Nathan.


-¿Derecho? ¿Quién eres tú para hablar de derecho? ¿Quién eres tú para juzgarnos o para decidir por nosotros lo que está bien y lo que está mal? -respondió Valdyn, furioso.


-Por favor, Val, no… -interrumpió Sarah.


-Deberíais haber detenido su gestación, las consecuencias para la humanidad es lo primero a tener en cuenta.


-Va en contra de las leyes de Sill cualquier acto que no respete y proteja la vida, de sobra lo sabes. Además, es mi hijo, mi heredero, no te atrevas a hablar así de él.


-No era una elección difícil escoger entre tus principios o la supervivencia de la humanidad -sentenció Nathan-. Yo hubiese escogido lo segundo.


-Pero, ¿a qué precio? ¿Quebrando mi esencia, lo que soy y por lo que vivo, condenándome a mí y a los míos? Nada puede valer tanto.


-Te has equivocado.


-Equivocarse es humano, no rectificar es condenable. Además, ya está hecho, y aunque nuestros principios tiendan a la perfección, nosotros no somos perfectos. No se puede enmendar una equivocación con otra equivocación aún peor.


-¿Y qué pensáis hacer al respecto?


-Cuidarlo lo mejor que podamos, darle una sólida educación y puede que sea un poderoso aliado contra el Imperio.


-Hablas de tu hijo como si fuese un arma, ¿es que no lo ves?


-No era eso a lo que me refería. Su poder puede ser usado para el bien.


-¡O para el mal! ¡Habéis quebrantado las tres prohibiciones! No solo os ponéis en peligro, nos ponéis en peligro a todos. A vuestro pueblo, al resto de la humanidad, al futuro, a todos. Creedme, el tiempo os pasará factura por vuestra debilidad. No puedo creer que me digas esto después de lo que hemos estado hablando. Me has mentido -dijo Nathan levantándose.


-Nathan no, por favor -interrumpió Sarah al tiempo que le agarraba el brazo para impedir que se fuera.


-¡Suéltame, maldita sea! –respondió enfurecido, y sin percatarse de su brusquedad, hizo un gesto para desasirse de Sarah, la cual, ante lo inesperado del movimiento, tropezó y cayó al suelo.


-No se te ocurra hablarle así –gritó Valdyn con irritación sin poder evitar que una bola de energía se formara en su mano fruto de su enfado.

Nathan, que iba a ayudar a Sarah a incorporarse, se quedó quieto al ver la mano de Valdyn, girándose hacia él, desafiante.


-¿Vas a atacarme con eso? –preguntó con desprecio, señalando con la cabeza la mano de su amigo.


-No –respondió Valdyn cerrando el puño y haciendo desaparecer la energía-. No pretendía…


-Ya. Hay muchas cosas que haces sin pretenderlo, ¿no crees? –dijo Nathan sarcásticamente-. Me voy de aquí.


-Nathan, espera –pidió Sarah, con preocupación, mientras se levantaba en su busca.

Valdyn fue detrás de ella y la retuvo. Ambos se quedaron viéndole marcharse.


-Déjalo ir, en el fondo sólo quiere protegernos.


-Es quien más nos quiere ayudar.


-Y puede que sea el que más daño nos haga… démosle tiempo. Volverá, y me disculparé ante él.


-No sé si eso será suficiente, amor.


-Es todo lo que le podemos ofrecer por ahora, nuestra amistad y nuestra voluntad de hacer las cosas con la mayor integridad posible -razonó Valdyn tomándola de la mano.


Al salir, Nathan se cruzó con Salek sin pararse a saludarle. Éste miró a Valdyn y comprendió que le había contado la existencia de su hijo. Si él, el miembro más cabal de los Delphinasills, reaccionaba así, ¿cómo lo harían los demás?...







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