2 de enero de 2010

ACTOS BÉLICOS DE SILLMAREM (Extracto X)





ACTOS BÉLICOS DE SILLMAREM (Extracto X).



…Löthar tecleó algo sobre la holopantalla. Un par de señuelos surcaron el cielo en direcciones opuestas. Sarah se asomó ligeramente al exterior de la cabina, los jóvenes cadetes permanecían en su sitio, cogidos de la mano unos con otros, estaba siendo una prueba muy dura para sus jóvenes cuerpos. Ethne la miró fugazmente, el miedo cubría sus pupilas.


—Tenemos que salir de esta —murmuró para sí.

Otro brusco giro la empujó contra su respaldo.


—Comandante, dos cruceros sin identificación nos cortarán el paso en un par de minutos —dijo Novak.


Löthar comenzó a tararear una canción de viaje de Sillmarem. Novak deglutió, un temblor espasmódico onduló por sus labios.


—Sarah, no tenemos escapatoria.


Por un momento, Sarah pensó que todo se acababa. La nave tembló. Una, dos, tres sacudidas, y una ráfaga de láser pasó de largo difuminándose en la distancia.


— ¡Ya los tenemos encima, Comandante! —gritó Novak.

Löthar continuaba tarareando sin inmutarse. Una cadena de explosiones sacudió el cielo a su alrededor, esta vez con un armamento distinto.


—Es uno de los cruceros —gimió Sarah.


Löthar niveló la nave, descendiendo directamente hacia la pequeña abertura de un angosto valle nevado. Bruscamente trazó un tirabuzón en el aire, giró a un lado, a otro, arriba y abajo, girando sobre sí mismo endiabladamente, cambió de velocidad y de nivel. Estaba sacando el máximo partido a aquella vieja máquina. Los construían buenos, pensó Löthar.


—No sé qué es peor, que nos disparen, que nos matemos contra las montañas o que se deshaga la nave en pedazos —dijo Novak.


—Lo secundo —dijo Sarah.


—Hoy no es día para morir, joven cadete. No mientras yo esté al mando de esta nave.

Soltó una descarga a un pequeño picacho nevado. Una enorme muralla de nieve y rocas se cruzó a sus espaldas, arrastrando consigo todo a su paso. Fuertes explosiones retumbaron y un enorme estruendo vibró en las paredes rocosas.


— ¡Tres fuera de combate! —dijo frenético, Novak.


La anchura de aquellas paredes rocosas parecía cerrarse aún más si cabía. Para una nave pequeña como la suya, se hacía harto difícil maniobrar. Para sus perseguidores, imposible. Parece que sabe lo que hace, pensó Sarah. Consultó el mapa de ruta. Se acercaban a los fiordos del norte, ¿por qué?


—Comandante, grupos concentrados de cazas se acercan por el norte a toda velocidad


—dijo Novak.


—Ekonyes, no me falles ahora —susurró Löthar.

Dos enormes olas de nieve brotaron por ambos lados de la nave mientras volaban a ras de superficie rumbo norte. Las explosiones se acercaban peligrosa­mente, el fuselaje tembló de nuevo.


—La pantalla de seguimiento está colapsada, Comandante. Hay cazas por todos lados, esto es un avispero —dijo Novak, desesperado.


—Perfecto —murmuró Löthar.


Un enjambre de naves zumbó en el cielo, tachonándolo con explosiones de diferente tamaño. Las ráfagas láser acribillaban la noche desde todos los ángulos posibles. Sarah pudo ver el símbolo de la Interfederación en una de ellas. Löthar siguió su camino, dejando atrás la jauría de naves–caza enemigas. Dos oscuras naves con la espiralada estrella de Sillmarem les escoltaban a sus espaldas mientras una violenta línea de descargas estallaba alrededor. A lo lejos pudieron divisar una enorme nave–nodriza. Escuadrones de cazas de Sillmarem cubrieron su huida creando un anillo de protección.


El Comandante de los Xiphias dejó de tararear…








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